Una espiritualidad

en misión

Nuestra espiritualidad nace del encuentro con Cristo vivo y se expresa en una vida entregada a la misión. Alimentados por la Eucaristía y sostenidos por la confianza en Dios Padre, aprendemos a reconocer el rostro de Cristo en los más heridos y a vivir una fe encarnada, cercana y fraterna, que se traduce en gestos concretos de amor, escucha y servicio.

Nuestra espiritualidad se alimenta de fuentes muy concretas que nos ayudan a vivir el Evangelio en la misión. No son ideas abstractas, sino experiencias que dan forma a nuestra manera de orar, acompañar y servir, y que sostienen nuestra vida personal y comunitaria.

La espiritualidad de la misión

La espiritualidad misionera desde el Concilio Vaticano II hasta nuestros días, constituye para nosotros la base de nuestro carisma de Evangelización.

Cristo crucificado de hoy

En el Rostro de Cristo encontramos reflejado el rostro de cada hermano. Nos sentimos llamados a ser compañeros de este Cristo crucificado de hoy que nos abre su Corazón en sus miembros más dolientes y necesitados.

El amor encarnado

Creemos que nuestra humanidad puede ser sacramento del amor de Dios: nuestros gestos y palabras, nuestra cercanía y escucha, pueden ser presencia de Dios y anuncio que nuestros hermanos pueden comprender. Cuando en nuestras relaciones el centro es Cristo, su amor encarnado entre nosotros es un lugar sagrado donde Dios se sigue revelando.

Dios Padre providente

El amor providente de Dios nos impulsa a vivir en un clima de total confianza, sabiendo que Él cuida con delicadeza de cada persona. Encontramos en Dios Padre el amor de misericordia que nos hace nacer de nuevo.

La Eucaristía

El amor eucarístico de Jesús es, para nosotros, escuela de vida y de misión.

María, nuestra madre y madre de la Iglesia

De la Madre aprendemos a reconocer al Espíritu en su Palabra y en la realidad en que vivimos, a caminar con sencillez, construyendo vínculos de comunión.

La comunión de los santos

Su presencia nos alienta a encarnar el Evangelio en las circunstancias de hoy y a vivir el ahora en el horizonte de la eternidad.

Nuestro trabajo es misión, y nuestra misión es formar corazones misioneros.

 

A través de un método propio —el Itinerario Misionero SEMD— acompañamos a cientos de jóvenes y adultos en todo el mundo por un camino de descubrimiento interior, fe activa y compromiso social y apostólico. Este itinerario, compuesto por cinco etapas (Convocar, Iniciar, Formar, Participar, Pertenecer), permite que cada persona experimente que su vida tiene sentido, misión y valor.

Entre otras muchas actividades y trabajos, hacemos…

Voluntariados

nacionales e internacionales

Escuelas

de oración y evangelización

Catequesis

acompañamiento espiritual
y grupos de vida comunitaria

Misiones

populares nacionales e internacionales

Servicio

de escucha a jóvenes y adultos

Talleres

formativos y retiros espirituales

Colaboraciones

con pastoral universitaria, diocesana y centros educativos

Clases

de religión

Encuentros

de reconciliación

Nuestra metodología

1

Convocar

Actividades que favorecen un acercamiento gratuito, sencillo y verdadero a cada persona. Quisiéramos suscitar preguntas por el sentido de la vida, los valores del Evangelio y que se sientan atraídos para conocer a Jesús.

2

Iniciar

Actividades que ayudan a tener una experiencia personal de encuentro con Cristo vivo. Que descubran que la fe no son ideas sino el encuentro con una Persona viva en Jesucristo.

3

Formar

Procesos que acompañan el crecimiento en la experiencia de fe que han tenido y forman para la misión de anunciar esa Buena Noticia a otros. Ayudar a la integración de la fe en la vida y el descubrimiento de su misión.

4

Participar

Espacios que promueven vivir la corresponsabilidad en la vida y misión de la comunidad y en la Iglesia.

5

Pertenecer

Proceso de pertenencia a la Comunidad de Servidores del Evangelio desde su estado de vida. Aquellos que se sienten llamados, dedican un año a profundizar en los módulos sobre la identidad de los Servidores y su misión para prepararse para la “promesa de Servidor”.