Eso nos pasó este verano. Solemos proponer un campo de trabajo internacional en nuestro Centro Misionero en España, que reúne a unos treinta adolescentes. A los jóvenes les encanta España, encontrarse con otros y realizar trabajos sencillos con sus propias manos. Pero este año, para el grupo de Bélgica, Alemania y Francia no nos coincidían las fechas y finalmente no pudimos asistir.
¿Qué hacer cuando los planes se trastocan de improviso? ¿Cancelábamos la actividad?
Ellos esperaban ese campo de trabajo con mucha alegría. Entendíamos, de parte de Jesús, que no podíamos defraudarlos. ¿Juntarlos entonces en nuestra casa (¡no tan grande!) de Marly? No es lo mismo España que el norte de Francia, ni un grupito de 8 que de 30…
Era un auténtico reto, pero nos hacía tanta ilusión intentarlo que pensamos que sólo podía ser del Espíritu. Por suerte, en nuestra parroquia encontramos trabajos a realizar: pintar una sala, la cruz del jardín y ordenar un ático.
Nos preguntábamos cómo iba a cuajar ese grupito de alemanes, belgas y franceses, sabiendo que los francófonos no hablaban alemán y los alemanes no hablaban francés. Pero a fuerza de creatividad (juegos, mimos, actividades en común, dejar espacio para escuchar a cada uno), además de muchas traducciones y paciencia, y ¡con la gracia de Dios!, las barreras fueron desapareciendo poco a poco. Los chicos pusieron también su granito de arena, abrieron el corazón y el resultado al final fue precioso.
Camille, francesa de 15 años, nos dice cómo lo ha vivido:
“Para mí, el desafío de ese campamento era pasar una semana con personas que no conocía, además no hablaban todos francés, sino alemán. Tenía miedo de no lograr integrarme en el grupo, y pensaba que tener que trabajar con ellos iba a ser complicado o incluso incómodo. Finalmente, una vez allí, las amistades surgieron de forma natural.”
Diría incluso que, al final, la barrera del idioma no supuso ningún problema. Pues a pesar de todo, hemos logrado comprendernos. Fue incluso genial conocernos todos a través de los juegos, los trabajos y las comidas todos juntos.
Me ha dejado muy impresionada lo bien que nos llevábamos todos, a pesar de que solo nos conocíamos desde hacía unos días. Y no pensaba que lograría entablar amistades tan bonitas que aún perduran hoy en día”.
Camille (Francia)






