Vivo en Daejeon, Corea del sur, desde hace 20 años. Es una ciudad comparativamente mediana, tiene 1 millón de habitantes. Un nivel de vida medio alto y comodidades enormes al alcance de la mano.
«Quiero confiar a todos vosotros una misión: que seáis humanos»
Pero en Corea, como en todas partes, no “es oro todo lo que reluce”. La fragmentación de la sociedad entre derechas e izquierdas, jóvenes y mayores, mujeres y hombres, locales y extranjeros se siente muy fuertemente. La fractura social no es sólo la que marca la DMZ (Demilitarized Zone) entre el Norte y el Sur; es la línea invisible que divide a las personas.
Esta fractura social está relacionada y es directamente proporcional al aislamiento social. Decían ayer en la radio que antes 1 de cada 100 adolescentes sentía una fuerte soledad. Ahora 1 de cada 20 la siente, y la siente más fuertemente. Los jóvenes, de un modo ya casi adictivo, se relacionan cada vez más con Gemini, Claude y Chat Gpt para consultar cosas de su día a día, preguntas pequeñas y vanas como qué puedo comer hoy o qué color le pega más a este dibujo que estoy haciendo, etc…Las charlas con los amigos se hacen menos frecuentes y parece más divertido charlar con la IA que con un amigo que a veces te inoportuna y te responde algo que no esperas.
Los retos de la fractura social y del aislamiento creciente sólo podemos hacerles frente con una humanidad más cálida, con unas relaciones más profundas, con una mirada más fija, siendo personas que escuchan de verdad y que abrazan fuertemente. El hombre del momento contemporáneo cada vez tiene y tendrá una sed más fuerte de humanidad, de belleza, de bondad, de dignidad. Quizás por eso ahora recuerdo lo que el Papa León XIV le dijo hace poco a los jóvenes en Madrid: “«Quiero confiar a todos vosotros una misión: que seáis humanos». Sí, ¡sed humanos!: hombres y mujeres de carne y hueso. No apariencias, sino rostros fiables».
Ester Palma. SEMD. Corea del Sur



