- Jesús que anunciaba el Reino a través de parábolas de banquetes y que lo adelantó en tantas comidas: las bodas de Caná, la cena con el fariseo, en casa de Leví o en el banquete que le prepararon para celebrar la resurrección de Lázaro, pasó hambre en el desierto.
- Jesús que proclama que el obrero tiene derecho a su salario, también vive que el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar su cabeza.
- Jesús que expresaba con alegría que Dios se revela a los sencillos, que decía que su alimento es hacer la voluntad del Padre, que se conmovía ante la fe sincera de la gente, pasará hambre de estos regalos de Dios. Su oración será tentada en el desierto, acogerá con obediencia dolorosa su muerte y sentirá camino a Jerusalén que sus amigos no están en sintonía con Él y que muchos de los que le seguían dejan de hacerlo.
Vivir en conversión es abrazar nuestras circunstancias como lugar de identificación con Cristo que se entrega por amor a la humanidad. Este año el Papa en su mensaje de Cuaresma habla entre otras cosas, del ayuno como expresión de nuestra conversión.
El ayuno nos invita a configurarnos con Cristo en su pobreza. Es pasar hambre de aquello que Dios nos quiere dar con generosidad.
