Esta experiencia marca un antes y un después en la vida de los jóvenes que vienen. Así lo expresan ellos mismos. La Misión Internacional en Perú 2025 ha abierto los ojos a que el 80% de la humanidad vive en condiciones que gritan al cielo por la precariedad. La falta de recursos económicos, las malas condiciones laborales y la falta de oportunidad para los estudios de todos son algunas de ellas. Los jóvenes se dan cuenta de que han vivido en sus sociedades europeas como en una burbuja, con una vida mucho más fácil a todos los niveles.
¿Qué hemos hecho en estas tres semanas de misión? Nos hemos acercado a los niños hospitalizados y a los que acudían a consultas externas en el hospital infantil de Lima. Hemos conversado con los ancianos en un hogar de contención social, cocinado con los pobres y para los pobres en las ollas comunes de nuestros barrios, arreglado el techo de una familia muy necesitada. Y, también, hemos pintado un mural para contribuir a la dignidad de un barrio marginal y visitado a muchas familias con enfermos en esta zona. En definitiva, llorar, reir, cantar, orar, compartir y comer lo que la gente come. !Vivir!
Este año hemos podido compartir 24 jóvenes italianos, polacos y peruanos en la misma casa y en las mismas actividades. La cultura del encuentro de la que habla el Papa Francisco en Fratelli tutti (Todos hermanos) se ha hecho realidad. Hemos podido transformar las fronteras en puentes, en vez de muros. En la evaluación, un joven peruano puso palabras a nuestra experiencia: “cuando se pierde la solidaridad, se distorsiona la humanidad. Pero cuando no se pierde la conexión con las personas que están necesitadas entonces se abre la posibilidad de una vida siempre feliz”.
A mí se me ha hecho muy concreta la esperanza para este mundo de hoy: "Siempre buscar y cuidar a los más vulnerables". Así será el “después de Perú” con esta interpelación.
Anne Ve SEMD Perú





