Pavia, Italia
“Cuando llegué como voluntario a Lima, me preguntaba cuál era la emoción más fuerte que estaba viviendo. Todo pasaba lento y rápido a la vez, y mi corazón se llenaba de sensaciones difíciles de ordenar. Al final, entendí que lo que me movía no era solo amor o compasión: era la auténtica belleza, esa que nace del contraste.
Vi una ciudad gris, con muros que separan a ricos y pobres, con barrios donde la violencia es rutina y niños que no se atreven a soñar. Pero también vi tomates florecer en el desierto, casas humildes decoradas con cuidado, pan compartido por quienes apenas tenían para comer. Vi sonrisas en rostros marcados por el polvo, fe viva en hogares sin suelo, y orgullo en quienes reciben poco o nada del Estado.
Entre todas las imágenes, guardo a Nicolita: una niña pequeña que llora mucho y no recibe muchas caricias. Un día, me regaló una risa tan dulce y tan pura que superó la belleza de todos los murales de la ciudad.
Hoy sé que Lima es la ciudad más hermosa que he visto, no por sus paisajes, sino porque allí descubrí que la belleza verdadera nace donde menos la esperas… y que, si sabes mirarla, te cambia para siempre.
Filippo, Pavia, Italia.




